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MARXISMO Y MÉTODO CIENTÍFICO: LUCHA IDEOLÓGICA Y POLÍTICA EN LA NUEVA FASE PANDÉMICA


Volver a poner en el centro de la acción los intereses de clase y la defensa de la salud colectiva para salir de la emergencia y abrir nuevas perspectivas

Un año y medio de pandemia ha dejado al descubierto la crisis del sistema capitalista.

El evidente fracaso de las medidas de contención -siempre parciales y tardías- aplicadas por los países capitalistas de Europa, América del Norte y, en general, por la gran mayoría de los países de la OCDE que siguen las doctrinas neoliberales, y las crecientes consecuencias de la táctica de las medidas a medias tintas prolongadas sobre las actividades económicas y sociales más afectadas, han tenido efectos desastrosos en términos de salud pública, en un clima de desconfianza e incertidumbre fluctuantes.

INFODEMIA

En el contexto de la lenta masacre cultural del sistema educativo público y de la desorientación ideológica de muchos, se han abierto paso las teorías más fantasiosas. En este clima, a medida que aumentaban las infecciones, las hospitalizaciones y las muertes, se extendió una infodemia incontrolada de “noticias”, a menudo exaltadas, descontextualizadas y manipuladas (y difíciles de verificar para la mayoría de la gente).

La pseudoinformación se ha multiplicado a través de un enjambre de blogs de clics y una confusa información dominante a menudo adaptada a las necesidades económicas inmediatas de unos pocos grupos dominantes. En este contexto, las actividades de las nuevas sectas y otros grupos reaccionarios lo han tenido fácil, a menudo guiadas por campañas hábilmente construidas que atraviesan diferentes ámbitos culturales, sociales, económicos y políticos, y las más variadas y fantasiosas teorías conspirativas se han abierto paso en la corriente principal sobre la existencia real o la génesis de la epidemia de SARS-CoV-2 o en relación con la naturaleza y el supuesto peligro de las vacunas.

GESTIÓN FALLIDA EN LOS PAÍSES CAPITALISTAS

Desde hace un año y medio venimos denunciando y condenando la gestión de la pandemia, en el mundo capitalista occidental en general y en Italia en particular, a menudo contradictoria y plagada de errores clamorosos, empezando por la falta de zona roja en Alzano y Nembro (Bérgamo) y el imperdonable retraso en la estrategia de seguimiento en 2020, hasta las complicaciones de la primera fase de vacunación masiva con las farmacéuticas morosas, sin ninguna respuesta seria a nivel europeo, continuando con la esclerótica y confusa gestión del asunto Astrazeneca. Sin embargo, esta mala y contradictoria gestión no es una prueba de complots ní conspiraciones, como creen algunos, sino el resultado de la incapacidad de las instituciones burguesas para garantizar el “bien común”. Los gobiernos de los países capitalistas, apretados por los lobbies industriales que han impuesto no parar la producción tras el primer cierre parcial del gobierno Conte y que han retrasado criminalmente cualquier iniciativa de contención, precisamente en las fases de crecimiento exponencial de los contagios (pensemos en la segunda oleada de octubre pasado), han elegido el camino de la llamada “convivencia con el virus”, privilegiando la defensa de los intereses particulares en lugar de la salud pública. Se trata de la incapacidad de apoyar los intereses generales que el propio Marx había entendido desde sus escritos de juventud y que, desgraciadamente, no tienen claro muchos militantes y organizaciones enteras. A todas luces, estos últimos, a pesar de llamarse comunistas, aún no son capaces de alcanzar la suficiente y necesaria autonomía e independencia ideológica y política de la influencia de las clases dominantes, lo que hace que sus propias proclamas revolucionarias sean decididamente estériles y vanas.

Las instituciones políticas, cada vez más desacreditadas por su incapacidad de gestión, incapacidad de una clase política de rufianes y navegantes a la vista, más que de una clase dirigente, no son capaces de proporcionar una comunicación eficaz, alimentando el escepticismo y la falta de confianza que impregnan a un segmento de la población ciertamente mayor que el de los “antivacunas ideológicos”: la pandemia afecta cada vez más a estos últimos, entre los que se encuentran muchos pacientes de cuidados intensivos en el último período, pero también a capas de la población desprotegida, principalmente por la desinformación y la incapacidad de los gobiernos burgueses, así como por el dominio de una propaganda reaccionaria que ha hecho incursiones o difundido dudas incluso en ambientes tradicionalmente alejados de la derecha más extrema.

EL DISEÑO REACCIONARIO DE LOS NEOCONSERVADORES Y LA DESBANDADA DE LA IZQUIERDA DE CLASE

En diferentes países, desde América Latina hasta Europa del Este, e incluso en Italia, con las crónicas de los últimos días, estamos asistiendo a la difusión de ideologías y posiciones anticientíficas e irracionales, en la base de movilizaciones de matriz claramente reaccionaria. Desgraciadamente, estas tendencias se extienden no sólo entre las organizaciones de carácter conservador, cuando no abiertamente neofascista, y en los sectores de las clases medias y pequeñas (en muchos casos, pequeñas empresas) especialmente afectados por las prolongadas medias tintas, sino también en los ámbitos del “pensamiento crítico” y de un cierto activismo social; mientras que entre las amplias masas de la población -a pesar de la ineptitud de las clases dirigentes- ha prevalecido en Italia una clara adhesión a la campaña de vacunación, que en estos momentos llega a cerca del 73% de la población (con la impresionante cifra de casi 44 millones de personas que se han adherido a la campaña de vacunación en Italia hasta la fecha). Las orientaciones y tendencias anticientíficas -aunque minoritarias y aparentemente residuales- atraviesan todas las formaciones políticas y todos los ámbitos sociales organizados, afectando a la mayoría de las organizaciones políticas y sindicales de la izquierda de clase, tanto en la base militante como en los grupos de dirección. Esta situación explica la ambigüedad en las posiciones e indicaciones políticas, mostrando un mecanismo perverso de búsqueda de consenso, o una mala interpretación de la línea de masas, en lugar de la construcción de una dirección política basada en la claridad y en una visión científica de la realidad: en este sentido, la escasa comprensión de la realidad concreta es un indicio de una fuerte debilidad y subalternidad ideológica. No es casualidad que detrás de cierta propaganda haya sujetos ambiguos vinculados a los circuitos locales de la secta norteamericana “QAnon” y a la extrema derecha. Se trata de una dinámica que opera no solo en Italia y en la Unión Europea, sino también en Rusia, en el Brasil de Bolsonaro, en Argentina y en otros países: una campaña que hemos observado con atención y que hemos visto crecer desde el principio, y que comenzó en EEUU a la sombra de la anterior administración Trump. Los que comparten calles y palabras de moda con estos individuos deben darse cuenta que están asumiendo la responsabilidad de fomentar sus designios abiertamente reaccionarios.

Se está extendiendo un enfoque turbio, que mezcla fragmentos de pensamiento (aparentemente) crítico con actitudes anticientíficas e irracionalistas, en una mezcla que alimenta indiscriminadamente la desconfianza en el poder constituido sea cual sea su carácter (burgués conservador, reformista o socialista), la desconfianza y el escepticismo hacia cualquier dato oficial o información científicamente fundamentada, llegando incluso a la aversión abierta hacia los propios médicos y trabajadores de la salud. Este fenómeno está produciendo un crecimiento del pensamiento antiprogresista que, en lugar de orientar a las grandes masas hacia la perspectiva de una alternativa de sistema en clave anticapitalista y comunista, se hunde en el rebeldismo sin perspectivas o en el repliegue familiarista y comunitario, en el individualismo subjetivista y antisocial, o en la polarización exasperada de las redes sociales.

Las fuerzas que se declaran abiertamente neofascistas intentan cabalgar y dirigir estas ansiedades, hasta ahora con resultados más bien pobres, pero con una visibilidad creciente y con el objetivo de alimentar la confusión y la desviación de la lucha de clases, una dinámica favorecida por los focos mediáticos, desviando la atención hacia una polarización que en realidad es estéril y útil para las clases que hoy siguen siendo dominantes pero cada vez menos dirigentes.

LA NECESIDAD DE HACER CLARIDAD SOBRE LAS VACUNAS

Ha llegado el momento de aclarar ciertos aspectos, que son centrales para quienes no han abandonado una concepción dialéctica e histórico-materialista, una visión científica de la realidad y la necesidad y posibilidad de su transformación, y que no tienen la intención de sustituirla por una rebelión vacía y sin salida.

En las primeras etapas del año pasado, 2020, inmediatamente después del primer cierre, ya fue necesario pedir la aplicación de medidas de contención claras, pruebas masivas y gratuitas y medidas anticipadas al comienzo de la segunda ola en octubre, siguiendo la experiencia china de “covidio cero” (en lugar de la experiencia de “convivir con el virus” de los países de la OCDE, con algunas excepciones), iniciativas que habrían evitado una catástrofe sanitaria y un interminable periodo de medidas a medias, en lugar de legitimar -como han hecho algunos- movilizaciones opuestas a cualquier medida de contención, incluso tardía e insuficiente. Del mismo modo, los que ahora persiguen movilizaciones antivacunas o reduccionistas de diversa índole no hacen más que aumentar la confusión en lugar de aclarar los asuntos, desviar la atención en lugar de orientar a los movimientos espontáneos.

Basta de ambigüedad, trivialización y tópicos: ¡necesitamos claridad sobre las vacunas!

En lo que respecta a la campaña de vacunación, y a la pandemia en general, hay que mirar con atención los datos, las cifras, los resultados de las iniciativas de contención y difusión de la vacunación en los distintos países. Una cosa que ya está clara es la protección de la población vacunada contra las formas más graves de infección, que se ha consolidado en los últimos meses y en relación con el uso de todas las vacunas en circulación, sean o no producidas por los capitalistas occidentales. Los datos en Uruguay, por ejemplo, son excelentes, con una cobertura muy alta de la población, alcanzada en poco tiempo con la vacunación masiva, en gran parte inmunizada con la vacuna china Sinovac (descenso vertical de casos positivos, casos graves y muertes).

Mientras que los datos sobre la protección a nivel clínico en cada país deben ser observados a lo largo del tiempo, el aspecto epidemiológico y el impacto de la vacunación requieren una cuidadosa evaluación en aquellos lugares donde la vacunación ha alcanzado altos porcentajes de la población. Hay que tener en cuenta muchas variables, sabiendo que las vacunas no son varitas mágicas milagrosas, sino poderosas herramientas que deben combinarse con la vigilancia sanitaria oportuna, con pruebas masivas al alcance de todos y con el seguimiento, con el desarrollo de un sistema de salud pública y con el desarrollo de tratamientos específicos para este tipo de patologías. Quienes se engañan a sí mismos pensando que pueden resolver el problema sólo con el tratamiento precoz demuestran que no entienden lo que es una epidemia de este tipo y sus consecuencias si no se toman medidas para contener y mitigar sus efectos, que de otro modo serían desastrosos y probablemente desbordarían cualquier sistema sanitario, incluso el más avanzado.

No debemos cansarnos de repetirlo y subrayarlo:

la vacunación masiva, aquí y ahora, es indispensable e inevitable, pero no debe contraponerse a otras medidas. Las demás medidas profilácticas generales no son una alternativa a la vacunación masiva, sino que la complementan. El “consentimiento informado” no es una exención de responsabilidad, y en todo caso permite reclamar indemnizaciones en los rarísimos casos de consecuencias de reacciones adversas, como confirma una sentencia del Tribunal Constitucional, que equipara las vacunas obligatorias con las recomendadas por las instituciones estatales y autonómicas.

La salud pública y su refuerzo, en perspectiva, no debe considerarse un “gasto” a recortar, sino una inversión pública, que además es imprescindible e ineludible, para la mejora de las condiciones de vida de la población.

En cuanto a la adopción de tal o cual vacuna por parte de los diferentes organismos reguladores (EMA, FDA, etc.) cada país toma sus propias decisiones, pero es necesario denunciar la diferencia entre la validación de tal o cual vacuna por parte de los organismos reguladores, del reconocimiento de cada vacuna desarrollada según protocolos codificados de ensayos clínicos y al menos del debido reconocimiento de cada vacuna considerada válida por la OMS (pensemos en las vacunas chinas). El no reconocimiento por parte de Italia y de la UE (pero no de otros Estados miembros) de las vacunas no producidas en occidente no tiene razones sanitarias, sino sólo geopolíticas.

El no reconocimiento de estas vacunas, que se utilizan en decenas de países, tiene consecuencias negativas para las relaciones económicas, sociales y culturales entre los pueblos, así como para las comunidades italianas en el extranjero (por ejemplo, en América Latina, donde prevalece el uso de vacunas de fabricación china o rusa) y para los trabajadores extranjeros que residen en Italia. Lo mismo puede decirse del reconocimiento de las vacunas cubanas, sobre las que hay una gran atención por parte de la comunidad científica mundial y de muchos gobiernos. Actualmente existe un gran interés por la vacuna cubana Soberana II, que, junto con las chinas Sinovac y Sinopharm, ha sido desarrollada para la vacunación en niños.

Dado que la vacuna no hace milagros, no estamos seguros de que esta verdad elemental, que debería ser obvia con un mínimo de conocimiento histórico del tema, esté clara para los gobiernos de la burguesía. De hecho, especialmente en los países capitalistas del área de la OCDE, los gobiernos han elaborado una comunicación exageradamente optimista sobre la inminente salida de la pandemia una vez finalizada la campaña de vacunación, lo que tal vez forme parte del libro de los sueños de la burguesía y sus comités empresariales para permitir una vuelta inmediata a la situación económica anterior a COVID-19.

CONTRADICCIONES EN EL GOBIERNO DEL CAPITAL

El capitalismo tiene que enfrentarse cada día a las contradicciones que él mismo ha creado, y tampoco aquí puede salir de ellas. Los gobiernos burgueses, presionados por un lado por la defensa de intereses privados como los de las empresas farmacéuticas, por otro lado por la imposibilidad de salir de la pandemia con este panorama general, empiezan a darse cuenta de la necesidad de permitir que los habitantes de los países más pobres se vacunen también, naturalmente no por razones éticas sino por los intereses de los propios países imperialistas. Incluso Biden insinuó hace meses la necesidad de suspender temporalmente las patentes, mostrándonos una vez más cómo la realidad es dialéctica y cómo el capitalismo se ve obligado a aventurarse en terrenos completamente ajenos a su propio cerco para buscar soluciones a problemas que de otro modo serían insuperables. Pero, hasta ahora, el capitalismo sólo ha contribuido a exacerbar y difuminar la diferencia entre pobres y ricos, entre oprimidos y opresores, incluso en esta cuestión vital, y no podemos olvidar el criminal bloqueo y las sanciones contra el pueblo cubano, contra Siria, Irán y demasiados otros países a los que se les impide incluso comprar medicamentos en medio de una pandemia. Si las cifras de principios de septiembre de 2021 nos dicen que más del 40% de la población mundial ha recibido al menos una dosis de vacuna, con más de 5.500 millones de dosis inoculadas, la atrocidad de la desigualdad se resume en la cifra similar de los países oprimidos por el imperialismo: menos del 2%. Esto contrasta con el 65% de la UE y el 54% de Norteamérica, que son pródigos en sus declaraciones de principios y codiciosos en sus acciones para hacerse con las vacunas en el “mercado”.

UNA ESTRATEGIA INTEGRADA CONTRA EL COVID-19

Por ello, medidas como la suspensión de las licencias de patentes serían fundamentales para salir lo más rápido posible de la pandemia, al igual que la investigación y el refuerzo de la sanidad pública, que permitiría a los Estados no depender de las multinacionales farmacéuticas y que es un aspecto estratégico necesario para la propia infraestructura económico-productiva. Desde este punto de vista, Cuba, que es un país pequeño pero socialista -una diferencia cualitativa nada despreciable- sometido a un embargo y continuamente boicoteado por el bloque imperialista estadounidense, nos muestra cómo esa solución no sólo es posible sino mucho más eficaz, dada su capacidad de patentar, producir y distribuir, al menos en su propio territorio, vacunas totalmente públicas y promover la colaboración para la producción de vacunas en otros países. Esto demuestra una vez más la superioridad estratégica de los países con elementos persistentes de socialismo para hacer frente a las amenazas pandémicas. Todo esto confirma y refuerza en nosotros la granítica certeza que la humanidad sólo tiene futuro en la organización socialista de la sociedad. 

Las vacunas son, pues, desde el punto de vista sanitario, la piedra angular de una estrategia integrada que combina la medicina territorial (que, a diferencia de la ideología antivacunas, no se opone a la vacunación masiva), el seguimiento, la prevención y la investigación pública.

En cuanto al seguimiento, son esenciales los hisopos gratuitos, las pruebas de anticuerpos y todos los análisis destinados a combatir el COVID-19.

EL “PASE VERDE” Y LA OBLIGACIÓN LEGAL

En una situación de histeria colectiva, una medida contingente y temporal como el “pase verde” se convierte en la línea gótica imaginaria que divide dos campos opuestos, siendo la polarización resultante, en esencia otra arma de distracción masiva.

Es una medida contradictoria que encaja perfectamente en el marco de las medidas de medias tintas, donde las fuerzas políticas no tienen el valor de imponer la vacunación obligatoria. Así que estamos ante una política que no decide, sino que descarga su responsabilidad en la población, abriendo una brecha entre los trabajadores. Aunque la vacunación está ganando un apoyo generalizado, hay sectores con un número importante de trabajadores que siguen siendo escépticos, y que se arriesgan a pagar el precio más alto, tanto en términos de salud como de medidas, por no vacunar.

Las consecuencias prácticas de esta (no) elección son ambivalentes: mientras que, por un lado, este instrumento fomenta la vacunación masiva, por otro crea la peligrosísima ilusión de unas islas “libres de Covid”, que desgraciadamente todavía no pueden existir en la realidad.

La solución más avanzada sería convencer a la parte aún desorientada de la población de que se vacune mediante una comunicación seria y eficaz: por el momento nos encontramos con que esta perspectiva está muy lejos y que la opción del gobierno se orienta hacia una extensión de una obligación de hecho pero no formalizada como tal.

HUELGA GENERAL EL 11 DE OCTUBRE DE 2021

Consideramos fundamental esta cita, que debe mantener como aspecto central la lucha contra los despidos y no la del “Pase Verde”, que ciertamente Confindustria trata de utilizar en su beneficio, como siempre lo han hecho la burguesía y sus gobiernos para cada acontecimiento de la historia de la humanidad y para cada medida consecuente. Sin embargo, reiteramos que el tema central del enfrentamiento entre el capital y el trabajo en esta etapa es el de los despidos, que tras el pesadísimo sabor de estos meses (como demuestran los casos de Whirlpool y GKN sobre todo), saldrá a relucir en todo su dramatismo una vez finalizado el periodo de despidos. Además de la lucha contra el desbloqueo de los despidos, es imprescindible que los sindicatos se comprometan de forma masiva a garantizar las condiciones de seguridad en los centros de trabajo, con el cumplimiento estricto de los protocolos anti-Covid-19, y en el transporte público, imprescindible para ir al trabajo y a los estudios y que necesariamente debe ser reforzado, así como invertir en la seguridad y en las condiciones de trabajo en el sector público (especialmente en la sanidad, la escuela y la universidad) y en la investigación. No podemos olvidar a los 621 trabajadores infectados en el lugar de trabajo que murieron de Covid en los primeros meses de 2021, es decir, que fallecieron como consecuencia de un accidente de trabajo, según la solicitud correspondiente a las instituciones de la seguridad social.

EN CONCLUSIÓN

Consideramos que la pandemia del Covid-19 ha puesto definitivamente al descubierto la crisis del capitalismo y la incapacidad de la burguesía para gobernar el mundo, evidencia que emerge con mayor fuerza en presencia de eventos adversos como la pandemia (que algunos prefieren definir como “sindemia”, enfatizando la superposición de aspectos naturales y sistémicos).

Denunciamos los efectos tóxicos de una información que sólo se interesa por los clics y no por la salud pública.

Condenamos la desastrosa gestión de la pandemia por parte de una clase política sin autoridad e incapaz de dirigir una comunicación clara y eficaz.

Expresamos nuestra preocupación por el diseño reaccionario del componente mayoritario de los antivacunas por motivos ideológicos y nuestra decepción y desacuerdo con los componentes progresistas y comunistas que se adhieren y suman a sus campañas, compartiendo plazas y consignas con neoconservadores y neofascistas declarados.

Exigimos a gritos la necesidad de una vacunación masiva y rápida en los países oprimidos por el imperialismo, el reconocimiento de todas las vacunas rompiendo con los juegos geopolíticos, la suspensión de las licencias de patentes, la gratuidad de los hisopos y de todas las pruebas útiles para combatir el Covid-19, así como la financiación masiva de la investigación pública evaluando las posibilidades de producción de vacunas públicas siguiendo el ejemplo de Cuba.

Creemos que el “Pase Verde” es una medida a medias que pasa la pelota a los ciudadanos, incentiva la vacunación pero crea la peligrosa ilusión de lugares “libres de Covid”. Todo lo que hay bajo el cielo tiene su hora y es hora de superar las “medias tintas”, demasiado a menudo hipócritas.

Llamamos a los trabajadores a ir a la huelga general el 11 de octubre de 2021, contra la liberación de los despidos, por medidas adecuadas para combatir la Covid-19 en el lugar de trabajo, en las escuelas y en el transporte público.

Llamamos a los compañeros, que hoy están presentes como nosotros en diferentes ámbitos o grupos organizados, a apoyar abiertamente una batalla por la claridad que hoy es necesaria para salir de la emergencia y de la niebla de la polarización controlada, para reconstruir una autonomía política e ideológica y para abrir nuevas perspectivas de transformación revolucionaria.

Comité Nacional “Claridad sobre las vacunas”.

Marxismo y método científico en la nueva fase pandémica

8 de septiembre de 2021

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